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Armando Prida Noriega y Brandon Mikesell: El histórico salto en wingsuit desde el Pico de Orizaba

Les quiero contar sobre una de las experiencias más intensas de mi vida: junto a Brandon Mikesell, nos lanzamos en wingsuit desde los 5,636 metros del Pico de Orizaba. El volcán más alto de México fue nuestro trampolín hacia una hazaña que nunca voy a olvidar.

Armando Prida Noriega

El día que volé sobre el volcán más alto de México

Hay momentos en la vida que te marcan para siempre. Para mí, lanzarme en wingsuit desde la cima del Pico de Orizaba junto a Brandon Mikesell fue uno de esos momentos. Quiero compartir con ustedes lo que viví, lo que sentí, y por qué este salto significa tanto para mí.

¿Cómo llegué hasta aquí? Más de 2,000 saltos de preparación

No llegué al Pico de Orizaba por casualidad. Llevo más de 2,000 saltos en paracaídas a lo largo de mi vida. Cada uno me fue enseñando algo: a confiar en mi equipo, a controlar el miedo, a leer el viento y a tomar decisiones en fracciones de segundo. Pero este salto era diferente a todo lo anterior.

Cuando le propuse a Brandon Mikesell —uno de los pilotos de wingsuit más reconocidos del mundo— hacer este vuelo juntos, supe que estábamos por escribir una página única en la historia del deporte extremo mexicano.

¿Qué es un wingsuit y por qué es tan especial?

Para quienes no están familiarizados: un wingsuit es un traje con membranas de tela entre los brazos y las piernas que te convierte literalmente en un ave humana. No es como un paracaídas normal donde solo caes — con el wingsuit vuelas.

Los números que me fascinan de este traje

  • Velocidad horizontal: entre 160 y 250 km/h
  • Velocidad vertical: entre 50 y 80 km/h (vs 190 km/h en caída libre normal)
  • Ratio de planeo: hasta 3:1 — tres metros hacia adelante por cada metro que desciendes
  • Material: nylon de alta resistencia con costuras que soportan fuerzas extremas

El Pico de Orizaba: hermoso y brutal

El Citlaltépetl — que significa "Estrella de Agua" en náhuatl — es el volcán más alto de México con 5,636 metros. Cuando estás arriba, el mundo se ve diferente. Pero la belleza viene acompañada de condiciones brutales:

  • Temperatura: entre -20°C y -30°C en la cima. El frío te cala hasta los huesos
  • Vientos: ráfagas de hasta 80 km/h que pueden cambiar tu trayectoria en un instante
  • Oxígeno: a esa altitud solo tienes la mitad del oxígeno normal. Tu cuerpo y tu mente trabajan al límite
  • Visibilidad: las nubes aparecen en minutos y pierdes todas las referencias visuales

A esa altitud, el aire es tan delgado que el wingsuit genera menos sustentación. Necesitas más velocidad para mantenerte en vuelo. Cada variable se amplifica. No hay margen de error.

El momento de verdad

Nos preparamos durante semanas: aclimatación, revisión de equipo a temperaturas extremas, análisis del clima, coordinación con el equipo en tierra. El día del salto, Brandon y yo subimos cargando todo nuestro equipo — wingsuit, paracaídas principal, reserva y oxígeno suplementario.

Cuando llegamos al punto de lanzamiento, la vista me dejó sin palabras. México entero se extendía bajo mis pies. Las nubes estaban debajo de nosotros. La pendiente helada del volcán era lo único entre nosotros y el vacío.

En ese instante sentí todo: miedo, emoción, gratitud, adrenalina pura. Miré a Brandon, nos dimos la señal, y saltamos.

Volando sobre el Citlaltépetl

Lo que siguió fue la experiencia más intensa de mi vida. Volamos a más de 200 km/h sobre las laderas del volcán. El sonido del viento era ensordecedor. Sentía el frío cortarme la cara a pesar del casco. Pero la sensación de libertad... eso no tiene precio. Es algo que no puedo describir con palabras.

Brandon volaba a mi lado con una precisión asombrosa. Su experiencia me daba confianza. Juntos planeamos alejándonos de la roca y el hielo hasta alcanzar la altitud segura para abrir los paracaídas. Cuando tiré de la manija y sentí el jalón de la apertura, supe que lo habíamos logrado.

El aterrizaje fue perfecto. Y con él, quedó registrada para siempre una página nueva en la historia del paracaidismo extremo en México.

¿Por qué hago esto?

Muchos me preguntan por qué me arriesgo así. La respuesta es simple: porque creo profundamente que los límites están para superarse. Es la misma filosofía que me llevó a fundar la Fundación Sentido para prevenir adicciones en jóvenes de Puebla, y a construir proyectos como la Estrella de Puebla.

Cada salto, cada proyecto, cada iniciativa nace del mismo lugar: la convicción de que podemos ir más allá de lo que creemos posible. Si mi historia inspira a una sola persona a atreverse, entonces todo habrá valido la pena.

¿Tú te atreves a superar tus propios límites?