Mis mejores tiempos en Medio Ironman fueron también mis caras más chistosas
He hecho varios Medio Ironman y, sí, marqué algunos de mis mejores tiempos. Pero si me preguntan qué me llevo, no son los minutos en el reloj: son los videos cómicos a media carrera y la prueba de que sufrir con cara de mártir no te hace más rápido.
Volteo y ya llevo varios Medio Ironman encima
Si ya leíste mi blog del primer triatlón, ya sabes cómo empezó esto: con dudas, madrugadas y una foto con un cuate disfrazado de Iron Man al final. Lo que jamás me imaginé ese día es que años después iba a estar firmando varios Medio Ironman y, lo más sorprendente, marcando algunos de mis mejores tiempos.
Pero les voy a soltar algo honesto: si me preguntan qué me llevo de cada carrera, no son los minutos. Es algo que en los resultados no aparece. Es cómo me la pasé.
¿Qué es un Medio Ironman, por si no estás en estas?
Para los que no están en este mundillo, un Medio Ironman (también llamado 70.3) son 113 kilómetros repartidos así:
- 1.9 km nadando
- 90 km en bici
- 21.1 km corriendo (sí, un medio maratón… al final)
Si suena mucho, es porque es mucho. Pero también es uno de los retos más adictivos que existen.
Sí, bajé tiempos. Y sí, me reí casi todo el camino
La gente que me ve me pregunta seguido: “¿Cómo le haces para mejorar tus tiempos y verte tan relajado?”. Porque sí, andan rodando por ahí videos donde estoy a media carrera haciéndole caras a la cámara, saludando a la gente, soltando alguna broma con los voluntarios de la hidratación, o cantando un pedacito de canción mientras pedaleo.
Y la respuesta es más simple de lo que parece: aprendí que sufrir con cara de mártir no me hacía más rápido. Al revés.
Cuando me dejé disfrutar la carrera —los paisajes, la gente echándote porras aunque no te conozca, el chiste interno con un amigo a la mitad— mi rendimiento mejoró. El cuerpo se soltaba. La cabeza dejaba de pelearse conmigo. Y los kilómetros pesaban menos.
Los videos que mis amigos no me dejan olvidar
Hay videos que mi familia y mis cuates me sacan cada vez que pueden. Uno donde voy en la bici saludando como si fuera político en campaña. Otro donde llego al puesto de hidratación, agarro el vaso, me lo echo en la cabeza con cara de “qué delicia” y sigo trotando como si nada. Y uno que es de mis favoritos: a punto de cruzar la meta, haciendo una pose ridícula porque sabía que mi familia estaba grabando.
La gente se ríe. Yo me río. Y eso me encanta. Porque esos videos terminan diciendo algo que para mí es clave: el esfuerzo y la diversión no están peleados.
Por qué le insisto a este mensaje
Vivimos en una época donde sentimos que para lograr algo grande hay que andar amargados todo el camino. Que si no te ves agotado, no le estás echando ganas. Que si te ríes, es porque “no es para tanto”.
Y después de muchas carreras y muchos años intentando cosas grandes y chiquitas, les digo con toda calma: esa idea es mentira.
Se puede:
- Esforzarse en serio y al mismo tiempo gozarte el proceso.
- Querer mejores tiempos y al mismo tiempo cantarle a tus compas en la subida.
- Tomarte tus metas en serio sin tomarte tan en serio a ti mismo.
- Llegar a la meta exhausto… con una sonrisa.
Esa última es la clave. Esa sonrisa cambia todo.
Y esto sale del deporte
Lo que más me importa contarles es esto: esto no es nada más para el triatlón.
Esto aplica para emprender. Para criar hijos. Para sacar un proyecto que se ve gigante. Para acompañar a alguien en su proceso de salir de una adicción. Para estudiar. Para reinventarte a los 40, a los 50 o a los 60.
Si solo ves la dificultad, te quemas. Si solo ves el sufrimiento, abandonas. Pero si aprendes a meterle humor, gratitud y gente con quien reírte de las caídas, llegas más lejos. Lo he visto en mí. Lo he visto en mi familia. Lo veo en cada persona que admiro de cerca.
Buscarle el lado positivo no es hacerse el menso
Que quede claro: cuando hablo de “buscarle el lado positivo” no me refiero a tapar el sol con un dedo. He sufrido en kilómetros bien oscuros. He tenido momentos donde quería tirar la toalla. Esto no va de fingir que la vida es color rosa.
Buscarle el lado positivo es una decisión. Es una elección que tomas a media carrera, a media junta, a mitad del mes complicado. Es voltear a ver lo bueno aunque sea pequeño. Agradecer que tu cuerpo todavía responde. Que la gente todavía te echa porras. Que estás vivo intentando algo.
Lo que les quiero dejar
Si están a punto de empezar algo grande —su primera carrera, un negocio, un cambio personal, lo que sea— no se aviente con cara de héroe trágico. Mejor:
- Pónganse metas reales y trabájenlas.
- Rodéense de gente que los haga reír.
- Salúdenle a la cámara cuando pasen frente a ella.
- Échense agua en la cabeza si hace falta.
- Y sí, hagan la pose ridícula en la meta.
Porque los mejores tiempos llegan cuando te diviertes en el camino. Y la vida, igual que el Medio Ironman, son 113 kilómetros que se sienten distintos según con qué cara los corras.
— Armando